EL HOMBRE BABOSO

Dentro del conjunto de la humanidad existen seres muy desagradables que podríamos decir están en la escala de “fauna” humana.
Si bien no llegan a la escala de “acosador” están en la frontera delgada de lograrlo.
Algunas definiciones apropiadas serían: 
1. “Hombre que resulta molesto e impertinente cuando trata de seducir o agradar a una mujer”
2. “Hombre que mira con descaro y sin recato a una mujer o a sus partes”.
3. “Hombre que tiende a decir piropos o comentarios indecentes a mujeres en la calle”
4. “Hombre que miente de aventuras que mantuvo con mujeres”.
Como dijimos que pertenece más al reino animal, el hombre de estas características considera a la mujer una presa y crea estrategias que por supuesto siempre lo llevarán al total fracaso; es un plan de batalla minuciosamente estudiado y diseñado por su estúpida naturaleza, para llegar al fin deseado. Como buenos animales, muchos actúan en grupo, en este caso es temible, inquietante y peligroso.
La personalidad del baboso está muy relacionada con la inmadurez o actitud infantil ya que los hombres en la adolescencia, por estar pasando por una revolución hormonal, hacen que sus ojos salgan de sus órbitas y su boca lance palabras sin conexión ante el caminar de alguna señorita voluptuosa. 
Como todo defectillo humano no cambiará su esencia a medida que avance en edad. Es más, su babosidad irá in crescendo a medida que se haga más adulto y, sin discusión, estos hombres mayores son los peores porque viven tratando de cazar a sus víctimas piropeando a quienes podrían ser sus nietas tranquilamente. Son ridículos, dan miedo, y producen un efecto absolutamente deplorable en todo su accionar. No se adecúan a su edad, y suelen pensar que aún tienen 20 años.
En todos los casos encajan perfectamente en un casillero especial del “estúpido” ya que ninguna mujer podría sentir atracción por sus métodos tan falibles de seducción, sino aversión que es mayor que el rechazo.
El baboso es lo contrario al varón de verdad que cultiva el arte de la caballerosidad y la hombría de bien.


José de Guardia de Ponté

 

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