No responder

Muchas veces nos agreden - buscan violentarnos, ofendernos, sacarnos de nuestro equilibrio. Cuando es así, de la nada, porque sí... sin razón aparente. Deporte de algunos, perversidad de almas atormentadas, quizás simple mediocridad autoasumida. Otros viven ofendiendo sólo para luego arrastrarse y pedir disculpas, pordioseros del espíritu, miserables.
Otros pobres diablos atacan más a los que aman que a los que temen... cobardes.
Lo sabio es entender que nuestra importancia no radica en el falso orgullo, ni en la soberbia de nuestro poderío, ni siquiera en el dolor que nos causa. Nuestra importancia es sabernos rectos, dignos y pensantes. 
Nuestra importancia radica en saber que lo que buscan los impíos es justamente entablar una reyerta, un sucio derrotero de idas y venidas de insultos. Necesitan llevarnos a su plano inferior donde están cómodos.
La mejor crítica es la que no responde a la voluntad de ofensa, sino a la libertad de juicio.
Tu silencio es mortal, drástico, categórico... insoslayable.
Que el silencio sea el recipiente que cause el eco de los insultos proferidos.
Pero cuidado... es sabio saberse templado, necio es creer que todos son estúpidos. 

Para terminar: nos dice Bertrand Russell - "Si hubiera un Dios, pienso que sería muy improbable que fuera tan vanidoso de sentirse ofendido por aquellos que dudan de su existencia"

José de Guardia de Ponté

 

 

 

 

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